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Diario de la erupción del San Juan, narrado por Carlo


              


Hoy es el 20 de julio de 1949

La idea de transitar por un volcán activo ya no asustaba más a Ramón. Cuando Rubens le propuso dibujar la cresta entre el Durazno y el Hoyo Negro, Ramón aceptó inmediatamente. Ellos se habían hecho alcanzar por un vehículo del ejército hasta la montaña de la Horqueta y allí pusieron un depósito con provisiones y un equipo técnico. Más tarde empezaron el ascenso al Malforada por la parte sur de la pendiente de la lava. Resultó que el lugar no estaba dañado, descontando el polvo y la grava que se habían posado sobre la parte este. Debajo de la pendiente del Fraile descubrieron una marcada grieta cuya profundidad no era visible, y que se extendía al norte hacia la región de la cresta. Acordaron, por el momento, echar un vistazo al cráter del Duraznero y se dirigieron hacia el sur, a la parte este de la cuesta del Deseada, siempre manteniendo una respetable distancia porque Rubens creía que podían producirse avalanchas de gas. Después de una buena media hora habían dado la vuelta al Deseada y comenzaron la escalada al cono.

Debajo de ellos se hallaba el Duraznero, cuya erupción habían vivido hacía algunas semanas. Él dormitaba. En dirección norte se reconocía una grieta. El pequeño lago de lava estaba cubierto de polvo y grava. Un ligero viento del noreste subió a la cuesta. Atrás del Fraile se hinchaban las nubes de polvo de la garganta del Hoyo Negro pero el tronar de las erupciones había disminuido. ¡A pesar de ello la montaña se comportaba tranquilamente!

"Vamos hacia abajo a la vieja cresta", pensó en voz alta Rubens. "El viento es muy escaso para que nos ahogue allá arriba" dijo y comenzó el descenso. Tenían vara de un metal nuevo, eran muy livianas y estables. Cada sitio donde pisaban lo exploraban cuidadosamente para encontrar posibles restos de antiguo terreno. Finalmente alcanzaron la vieja cresta y pudieron mirar hacia el cráter al sur. "Mira allí el gas en los abismo." Ramón trató de seguir los ojos de Rubens. "¿Dónde?" - "Por todos lados, allá, bien claramente, ¡allá ves el estrato!" Ramón seguía los movimientos de brazos que Rubens dibujaba sobre el cráter. "Sí, es invisible como el aire, pero más pesado, ¡está todo lleno! ¡Mira allá, eso brota intensamente hacia arriba!" Y Ramón encontró el centellear del remolino sobre las gargantas alrededor del bostezante profundo agujero, del cual salían vapores claros. Todo estaba amarillo. Todo el cráter estaba revestido de relucientes, redondas y puntiagudas esculturas amarillas, una parte bajo un ligero polvo, la otra, limpia. "Azufre, esto ha valido la pena porque uno se pone contento..." Rubens trataba de mostrar sosiego. "Mantiene la cabeza en alto, vamos para allá, viene viento, ¡vamos, vamos! Caminaban meticulosamente a lo largo de la vieja cresta tan rápido como gravilla se lo permitía e iban con viento a favor. Sobre la cuesta del Fraile tuvo efecto la bizarra obra maestra de la naturaleza cuando las sombras cambiantes sumergieron a la poderosa nube de la montaña en una penumbra, todavía impresionante.

Intentaron descender por el flanco este del Fraile, pero tuvieron que darse por vencidos debido a resbaladizos campos de grava. Era imposible pasar sobre la montaña. Las erupciones del Hoyo Negro crecieron otra vez en ímpetu. Una repentina corriente ascendente de la cuesta oeste los tomó desprevenidos con polvo y gas; y ellos tuvieron que enrollarse rápidamente y ocultarse bajo las máscaras de protección respiratoria. Tardó mucho hasta que cesó el viento. Golpearon el polvo de los trajes. "Regresemos" gruñó Rubens a través de su máscara y se limpió el polvo del vidrio.

Dos hora más tarde alcanzaron el campamento y tomaron una decisión, intentar ascender al Hoyo Negro el día siguiente.

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Hoyo Negro - Foto de René Bouillon

Mientras Carlo nos cuenta sus aventuras del San Juan, por las tardes giro la "Webcam" en dirección Cumbre Vieja, donde todo esto succedio.

Traducido del Alemán al Español por Silvina Masa


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