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Cuentos de volcanes, hombres y otras cositas de La Palma


              

El monstruo del Teneguía

- de Carlo -

Julio se solidificó en basalto. Fue una suerte porque así pude aferrarme a él. La luz de nuestras lámparas se perdía, deslizándose rápidamente en la oscuridad que teníamos delante. En lo alto, en lo profundo, a la izquierda, a al derecha. ¿Dónde estábamos? ¡¿Dónde estaba la salida?! Y luego bramó otra vez, allá atrás, en algún lugar en la oscuridad, volviéndose más tranquilo, bufando y silbando. Más luego se echó a tronar otra vez profundamente. "Julio, ¡nos largamos de acá!" - le susurré, porque tenía miedo de que el monstruo se diera cuenta. Y como si eso hubiera ocurrido, nos retumbó un gemido en contra, que fue aumentando hasta convertirse en un tornado de bufidos y silbidos. ¡Casi habían desparecido nuestros sentidos! "Esto no tiene sentido", dijo Julio, "nos estamos arriesgando a tener una fuga de gas, a pesar que... no. ¡Nosotros subimos!
La esperanza renovó mis fuerzas por salir de esa garganta del diablo. La luz de la lámpara se deslizó con nosotros hacia arriba, el monstruo parecía haberse calmado. ¡La luz del día! "- ¿Lo han visto? Debe ser grande para ese ruido! Algunos intrépidos nos habían seguido y habían asegurado las sogas y el equipo. Primero que todo tiramos la carga. Sí que era extraño, había una corriente de aire que tiraba hacia adentro. Arriba, en el barranco Ruiz Gómez, había muchos mirones. Aquí, en Orotava, en el norte de Tenerife, se había rumoreado que en la profundidad habría aparecido un monstruo. Hasta habría sido visto por algunos. Pues, que siempre se había dicho que en los Barrancos se ocultaban animales prehistóricos y esto era solamente la prueba. Empacamos nuestras cosas, pronto estaría oscuro. A lado del coche esperaban unas personas, algunas habían traído vino. Se me cayó una copa, sencillamente se me escapó de las manos, así estaba de mal. Julio tampoco tenía ganas de dar explicaciones, nunca lo había visto tan cansado. Pero nosotros teníamos que andar metiendo la nariz por todos lados y quizás habíamos obtenido un poco del aliento del monstruo.
Dos días después eruptó el Teneguía de La Palma. Las paredes del barranco, después de rugir durante semanas encontraron descanso. Nosotros ahuyentamos el monstruo a La Palma, donde excavó en el fondo y se arrojó al mar.


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